Mi jefe es un psicópata

por Pablo on abril 11, 2011

Este es un post sobre el perverso potencial del poder en las organizaciones humanas y sobre su inquietante capacidad de convertir al ser humano en un ser perverso, capaz de sacar lo peor de sí mismo. Y así comienza uno de los libros más interesantes que he leído últimamente cuyo título coincide con el de este post y que está escrito por Iñaki Piñuel. Seguramente os creáis que todo lo que vamos a tratar aquí poco tiene que ver con vosotros, pero os aseguro que a medida que os vayáis adentrando en la inquietante definición de este monstruoso perfil, le iréis poniendo rostro a esa figura que (seguramente en más de una ocasión) os atormenta: el psicópata. ¿no me creéis? Vamos a descubrirlo, pero permitidme hoy, aquí, ser todo lo serio que pueda.

Sé que lo primero que a uno le viene a la cabeza al hablar (u oír hablar) de un psicópata, es la fantástica escena de Christian Bale interpretando a Patrick Bateman. Ese ejecutivo agresivo, yuppie trastornado que se pasa toda la película (formidable como pocas) aniquilando y descuartizando a todas aquellas amenazas profesionales que se encuentra por el camino (aunque no solo profesionales, siempre cae alguna prostituta). Aunque es uno de sus perfiles más cinematográficos, el psicópata, no solo porta un hacha en su mano como arma letal para cortar en pedacitos a sus víctimas, muchas otras veces utilizan un arma aún mucho más peligrosa: su poder.

Los psicópatas organizacionales son depredadores sociales y psicológicos, que como asesinos de guante blanco, muestran una cara extremadamente amable, seductora y encantadora hacia la sociedad, pero que en lo más profundo de su ser, son capaces de llevar de forma inmejorable tanto a las organizaciones como a las personas que le rodean al sufrimiento y al desastre más extremo. Sí, son aquellos que dentro de nuestras organizaciones van construyendo un entramado maquiavélico y despiadado en el que consiguen sacar el mayor provecho posible a costa de hundir a los demás sin que esto manche su reputación e hilando los acontecimientos de forma que siempre, ellos, consiguen estar en la cresta de la ola ¿os va sonando de algo? ¿habéis comenzado a poner cara a este individuo? Pues vamos allá.

Este tipo de psicopatía es muy común dentro de organizaciones de estructuras muy departamentadas en las que existen jerarquías muy marcadas ¿os suena de algo? ¿algo así como una (por ejemplo) agencia de publicidad? Estos individuos saben perfectamente qué es lo que tienen que decir a cada uno de los integrantes de la organización para caerles bien y hacerse rápidamente con su confianza, son aquellos que saben ver (de primera mano) de “que pie cojea” cada uno, y gracias a ello, van construyendo el argumento que le permitirá sacar el mejor provecho personal de cada uno.

A este punto, dejadme que os haga una aclaración. Un psicópata (en el concepto amplio de la enfermedad) es una persona incapaz de tener sentimientos intensos, incapaces de sentir dolor (emocional), pasión, sufrimiento, tristeza, alegría, etc. Este tipo de sentimientos y la valoración que hacemos de ellos (perdonadme que me ponga tan técnico, pero creo que la definición así lo requiere) son aquello que de forma coloquial hemos sabido entender como: “valores”, y son lo que nos permite comportarnos correctamente en sociedad. Cuando una persona le dice a otra: “Yo nunca podría hacerle esto a X, porque yo tengo valores (o ética, o moral…)”, está limitando su accionar personal a lo que considera que está bien y lo que cree que está mal. Esta valoración de lo correcto, es aquello que los psicópatas son incapaces de discernir. No creáis que a lo largo de este post (que prometo no extender en demasía) vais a leer anécdotas relacionadas con callejones oscuros de la antigua Londres, más bien, vamos a identificar (aunque no de forma personal) a ese jefe psicópata, a ese compañero psicópata, a ese empleado psicópata, etc. ¿se os ponen los pelos de punta? Pues esperad a leer la forma de actuar y, sobretodo, los resultados, porque creedme, que los psicópatas están mucho más cerca vuestro de lo que os imagináis.

A modo de base, dejadme que os transcriba los 16 puntos básicos que el psiquiatra Hervey Cleckley ha descrito como las características típicas de los psicópatas, veréis como poco a poco le iréis poniendo cara (o es que yo he tenido mala suerte en mi vida):

•    Inexistencia de alucinaciones u otras manifestaciones de pensamiento irracional.
•    Ausencia de nerviosismo o de manifestaciones neuróticas.
•    Encanto externo y notable inteligencia.
•    Egocentrismo patológico e incapacidad de amar.
•    Gran pobreza de reacciones afectivas básicas.
•    Vida sexual impersonal, trivial y poco integrada.
•    Falta de sentimientos de culpa y de vergüenza.
•    Indigno de confianza.
•    Mentiras e insinceridad.
•    Pérdida específica de la intuición.
•    Incapacidad para seguir cualquier plan de vida.
•    Conducta antisocial sin aparente remordimiento.
•    Amenazas de suicidio raramente cumplidas.
•    Razonamiento insuficiente o carencia de capacidad para aprender de la experiencia vivida.
•    Irresponsabilidad en las relaciones interpersonales.
•    Comportamiento fantástico y poco regulable en el consumo de alcohol y drogas.

Sí, yo ya le pongo cara. Es aquel compañero que un buen día te ha caído bien, que poco a poco se ha organizado un grupo de referencia, que ha calado hondo por su personalidad tan apabullante y atractiva, y que cuando menos uno lo espera ha tramado un plan en el que tú te has quedado sin ningún privilegio, en el que él se ha convertido en la mano derecha del jefe, y en el que tiene a todos engañados comiendo de su mano. Es él, quien poco a poco irá poniendo a la organización en tu contra si te considera una amenaza, y es él el responsable de que un día, tengas que salir de allí (además por la puerta de atrás como si hubieras cometido un crimen) ¿creéis que esto sigue siendo cosa de una película de ficción? Pues sigamos adelante.

He tenido la muy (y considero muy mucha) mala suerte de haberme topado con uno de estos personajes dentro de una organización, y poder verle actuar. Son despiadados y sistemáticos. Tienen un objetivo y no pararan hasta verlo cumplido. Tal y como lo acabo de describir, se van creando todas las situaciones necesarias para construir la gran obra de teatro. Por un lado, él consigue el éxito y el objetivo que se había marcado, pero ¿qué pasa con la otra parte?

Las víctimas de los psicópatas organizacionales llegan a sufrir tal vejación emocional, sentimental y psicológica que pierden todo tipo de autoestima llevándoles a prolongadas y profundas depresiones. El sentimiento contrapuesto de expectativas de trabajo y progreso, de desarrollo personal y profesional, y la injusticia sentida en las propias carnes de una parodia empresarial en la que, la víctima, solo puede ver como poco a poco su imagen y carrera se desbanca, y como otro se beneficia a su costa, simplemente, acaba con ellos.

Hace poco he vuelto a ver a un gran amigo psiquiatra, me ha contado que acababa de volver de la típica convención de médicos (psiquiatras) en la que habían saltado las alarmas al hacer público el último estudio del Ministerio de Trabajo: 4 de cada 10 trabajadores tomaban algún tipo de medicamento para apalear trastornos del tipo psicológico (por ejemplo: ansiolíticos, antidepresivos, etc) Espeluznante.

¿Os preguntáis por qué os estoy contando todo esto? Pues porque el ámbito en el que nos movemos de egos, batallas de egos y recontra egos, de presiones políticas, de organizaciones confusas controladas por agentes internacionales sin objetivos claros, de politiqueo y de apariencia constante, estructuras llenas de gente joven e inexperta trabajando sobre una profesión imprecisa y susceptible, es el ambiente ideal para que surjan estos psicópatas organizacionales. Su carisma y su perfil tan educado, atractivo y simpático, les hace ser casi imperceptible incluso para los psicólogos (que casi nunca consiguen curarles, tratarles y, en el mayor de los casos, identificarles).

Os cuento todo esto porque me parece que tenéis que saberlo, me parece que tenéis que conocerlo y porque me apetecía por una vez no hablar de filosofía de la publicidad o de marcas, campañas o logotipos. Os cuento esto porque me apetecía poder aportaros algo que os sirviera para estar atentos y os cuento esto porque lo he visto de cerca y creedme que me hubiera gustado nunca jamás haberlo visto. Dejadme que os cuente esto aunque mal no sea por contarlo.

2 comentarios

En diez lineas, tenia puesto rostro al Psicópata. Genial el artículo.

by mi nombre es romano, de la Roma (César) on 13/04/2011 at 23:06. #

Sé perfectamente de lo que hablas… Pero tras muchas reflexiones, conversaciones y dudas… decidí seguir la recomendación de un buen amigo (o podría llamar maestro): alejarme de esa especie y enterrarlos en lo más profundo de mi memoria. Esperemos que más gente sea capaz de reconocerlos cuanto antes ;)

by Jezabelhv on 14/04/2011 at 02:44. #

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