15M un día mucho más histórico de lo que nos imaginamos

por Pablo on junio 3, 2011

Pareciera que de repente el pueblo se despertó de golpe de aquel lánguido sueño eterno. Y un día sonó el despertador como siempre y resulta que nos encontramos con un hashtag llamado #15M, #acampadasol, #acampadabarcelona, etc y poco a poco fuimos demostrando que estábamos #indignados. Hoy aquí me hayo animándome a escribir sobre el #15M y ¿un día histórico?

Y por cierto, os he publicado en este post un hermoso documental llamado “Memorias del saqueo” de Pino Solanas que me encantaría que viérais.

Voy a reconocer, asumiendo las consecuencias, que mi participación activa en el movimiento 15M se ha limitado a postear unos cuantos artículos en mi Facebook, otros tantos en mi Twitter y algunas esporádicas visitas a Sol. Tampoco sé si soy mejor o peor persona por no haberme implicado más, aunque es verdad que en más de una ocasión así lo he sentido (y lo comprendo), pero asumamos que sí, soy peor persona por ello. Pero mi verdadero “problema” con el 15M había comenzado mucho antes.

Hace aproximadamente 10 años, ¡y como pasa el tiempo!, que viviendo en Argentina me encontré con una Revolución Social de frente. Resulta que por aquellos años la economía había alcanzado profundidades inaceptables bajo el obsoleto mandato del (ex) Presidente Fernando De La Rúa (sí el padre del ex-novio – sin “piquetón” – de Shakira). Por aquellos años, la #argentinianrevolution se gestó en las calles, en las ventanas y en las esquinas.

Recuerdo, como si hoy fuera, esas primeras personas que comenzaron a golpear sus cacerolas en las puertas de sus casas. El repiquetear sonó en el interior de cada uno de nosotros llamándonos a la acción. Recuerdo que en menos de 6 horas, el “Cacerolazo” había llegado a toda la geografía argentina (hablamos de muchos kilómetros de territorio) hasta cubrir portadas en medios de todo el mundo.

Durante 4 días, la gente no retorno a sus hogares, no existían Redes Sociales ni dispositivos móviles para comunicarse ni para acceder a la información de una forma tan espontánea como ahora, pero como si de un código ancestral se tratara, el espíritu cansado de la gente se comunicaba a través del sonido (el estruendo) de sus cacerolas que cada vez, a medida que avanzaba la noche, parecían gritar con más furia.

Sin ningún tipo de organización, el pueblo se movilizó hacia la Plaza de Mayo (centro neurálgico de la Ciudad de Buenos Aires), aquella Plaza que dio nombre a la agrupación de Madres de los “desaparecidos” durante la Dictatura (Madres de Plaza de Mayo). El pueblo tomó la Ciudad durante 4 días, colapsó el sistema, atacó a las fuentes de poder económico y mediático. La Revolución estaba en la calle y parecía imparable. No se hablaba de otra cosa, parecía que nada más sucedía. Los canales de televisión transmitían ininterrumpidamente desde las calles, junto a la gente.

Con el pueblo en la calle y dispuesto a llegar hasta el final, el Gobierno adoptó la actitud de atacar y respondió con “palos” (como siempre). Fueron días difíciles de desorientación, confusión y miedo. El pueblo resistió en las calles ante las arremetidas de las fuerzas del “orden” que parecieron incapaces de evitar lo inevitable. 27 personas (hijos, hermanos, padres, primos o amigos) dejaron allí sus vidas en los enfrenamientos ¿para qué?

Después de días y días de desidia, el Presidente fue derrocado y abandonó la Casa Rosada (Casa de Gobierno de la República Argentina) escapándose en helicóptero. El pueblo había ganado la batalla.

 

Eso sucedió hace 10 años y en cierta forma me enorgulleció formar parte de todo aquello. Lo que no he sabido nunca fue si el resultado de todo aquello fue lo que buscábamos, tampoco sé si tuvimos un objetivo en todo aquello. Sé que una fuerza mucho más movilizadora que cualquier otra cosa nos condujo, pero creo que nunca nos habíamos detenido a pensar lo que estábamos haciendo. ¿Qué fue lo que nos había movido? ¿es Twitter una revolución?

Hoy (sí, desde la distancia, lo asumo) me pregunto ¿todo aquello valió para algo? Personalmente me sirvió para entender que el pueblo tiene límites y que cuando abusan de él, no hay nada que lo pare y que existe una conexión que va más allá de los medios y de los canales, una conexión humana. A nivel global creo que se construyó parte del cambio.

Sé que torpemente traslado parte de mi frustración del otro lado del charco a este grandísimo movimiento del 15M (y reconozco que soy muy fan del 15M), pero no he podido evitar el preguntarme ¿para qué? En ningún caso y por favor no penséis que no estoy a favor de él, soy un entusiasta defensor del poder del pueblo, pero mi gran problema ha sido el ¿para qué? ¿cuál es el objetivo? Y sobretodo ¿cómo vamos a llevarlo a cabo? porque creo que un buen plan le daría a todo esto otra dimensión, una dimensión ¡imparable! pero también creo que es un gran comienzo más que necesario para que seamos concientes de nuestro poder.

No he dejado de leer ni un día solo día titulares como “La Revolución de las Redes Sociales”, “el poder de Twitter” y que todo esto solo ha sido “posible gracias a las plataformas sociales”, pero no nos confundamos que como sucedió en ni Argentina natal hace ya casi 10 años, no son las Redes Sociales las responsables de todo esto si no la furia de un pueblo maltratado e insultado, lo demás son simples facilitadores.

Deja tu comentario... gracias!

Required.

Required. Not published.

If you have one.