Pastillas contra la ansiedad ajena

por Pablo on junio 25, 2011

Un grandísimo jefe mío (a lo Shakespeare) a quien mucho admiro y que ya he citado más de una vez en este blog (Don Urs Frick) me dijo una vez: “Una Agencia de Publicidad sin estrés, es como una imprenta”, y con el tiempo descubrí que tenía mucha razón. Creo personalmente que en nuestra querida (y odiada) profesión todos necesitamos un poco de tensión para poder trabajar y mantener la cabeza despierta, nos mola. Pero de la tensión al estrés hay un gran trecho y creo que por muchos momentos traspasamos esa barrera casi sin darnos cuenta. ¿En algún caso está justificado el estrés? ¿Alguien murió alguna vez al no entregar un Arte Final?

Creo que realmente he conocido muy pocos buenos gestores en mi larga o corta carrera (según con quien me compare), me refiero a aquellos gestores que saben administrar aquello que resulta ser lo más importante dentro de una organización: “la gestión del estrés”.

El estrés (como seguramente ya sabéis) es una reacción fisiológica del organismo en el que entran en juego diversos mecanismos de defensa para afrontar una situación que se percibe como amenazante o de demanda incrementada, definición que al leerla detenidamente poco (parece) tener que ver con el entorno laboral, pero es allí donde más se percibe. Así y todo, creo que en las organización existen verdaderos Stress-makers (término que me acabo de inventar y “me gusta”), los profesionales del I.S.T.A.I. (Invención de situaciones tensas absolutamente innecesarias).

La ansiedad es inseguridad, miedo, frustración y decepción, cosas que (desde luego) no tienen mucho que ver con el entorno laboral pero que sin duda alguna siempre están presentes. ¡Ojo! tampoco es mala la existencia de miedos e inseguridades, son las que nos permiten ser más cautos y protegernos, pero como todo en esta vida: el problema es el exceso, como siempre.

¿Por qué un equipo tiene que acarrear con las inseguridades de su Gestor? Creo que cada uno tiene que saber asumir sus propios problemas y no transmitirlos a los demás, mucho menos a su equipo. Las tensiones y las inseguridades deben escalarse hacia arriba (de la pirámide jerárquica) al contrario de lo que solemos cometer cada día arremetiendo contra nuestros equipos. Fatal. Porque una cosa es que los gestores no sepan filtrar la presión que les transmiten sus clientes y que opten por cumplir una mera función de conductor de información hacia sus equipos, pero otra cosa muy diferente es que encima le agreguen una inmensa dósis de estrés innecesaria, siendo una de las más grandes estupideces que cometemos a diario.

¿No os ha pasado nunca que vuestros gestores se acercan a vuestros sitios como sin aliento preguntando por el estado del trabajo? Si entendemos que la escala jerárquica es secuencial y resulta que el Gestor se encuentra sin aliento, con los ojos desorbitados, taquicárdico y augurando la pérdida del cliente por un GIF animado, lo lógico sería pensar que su equipo estuviera en terapia intensiva. Lo dicho, absurdo.

Se supone que un Gestor tiene que ser capaz de controlar la ansiedad y la tensión tanto de su cliente como de su equipo (si no, no debería llamárseles gestores y deberíamos llamarles simplemente “Jefes”), creo que es aquello que se tiene que exigir a los altos cargos de una compañía, aunque por momentos pareciera ser al revés. Da la sensación, a veces, que se valora más a un Gestor que es capaz de calzar a su equipo las situaciones tensas que a aquellos gestores que son capaces de gestionar a sus equipos sin vivir en un estado de ansiedad constante. La diferencia radica en el cliente.

Claramente, un cliente es feliz cuando al otro lado del teléfono tiene a un compañero que únicamente defiende sus intereses por encima incluso de los de su Agencia, el “sí a todo”. Un cliente es feliz cuando cuenta con alguien a quien poder llamar y pedirle absolutamente cualquier tipo de exigencia por más absurda que pueda llegar a parecer y de quien únicamente recibe un “Sí”. Por ello, es que se valora más a quien endosa a sus equipos toda la tensión del cliente sin ejercer ningún tipo de filtro, porque los que sí lo hacen cada tanto dicen “No” y parece ser que “No” es una palabra fuera de moda.

El “Sí” es fácil, necio, negativo, traicionero, proxeneta, rápido, inútil, permisivo, insignificante, desorganizado, típico, temeroso, imbécil. El “No” es estúpido, negativo, rebelde, reivindicativo, tosco, abrupto, irrespetuoso, aburrido, inaceptable (esto es aplicable también al “Sí”). Creo que la respuesta siempre debería ser una negociación: “Quiero esto para hoy porque mi jefe lo quiere ver antes de irse a jugar golf con su suegro”, “Vale, pues lo que podemos hacer es suspender esto y lo otro y darle a esto la prioridad, ¿te parece?”. Hombre, aquí el cliente siempre puede volver a decir lo de “pago para que lo hagáis”, “no y no me importa cómo lo hagáis”, etc… pero no creo que quiera ser tan imbécil.

Hay verdaderas situaciones que se viven cotidianamente que parecen sacadas de una cómica película de Fellini. “¡Lo quiero para ya!”, “os voy a quitar la Cuenta”, “llamaré a vuestro jefe”, “tengo a mil Agencias esperando para darme servicio”, en fin… yo personalmente me parto y me troncho, y me gustaría ver cómo un Cliente justifica ante su jefe que ha convocado a un concurso por pedir una subnormalidad y no haberla recibido. No digo que no suceda o que no existan Clientes que piensen así, pero también me parece un tanto exagerado. No porque no sea verdad, si no porque realmente me parecen situaciones absurdas, es como dejar a nuestra pareja porque un día llega tarde a la cena, cena que le hemos organizado cinco minutos antes, que no le hemos avisado, no le hemos enviado la dirección, y que no hemos tenido en cuenta que no puede ser por recomendaciones médicas. En fin.

Sé que os parecerá absurdo, pero me gustaría dejar aquí una serie de obviedades que creo que muchas veces al día, y muchos días, se nos olvidan.

1. Los empleados trabajamos por dinero.
2. Los trabajadores tienen un horario.
3. No somos empleados de nuestros clientes, somos proveedores.
4. La responsabilidad no es del equipo, es tuya.
5. Los clientes piden lo que quieren pero no quieren lo que piden.
6. Nuestros sueldos corresponden a una serie de responsabilidades, horas y obligaciones.
7. Por más veces que pidamos una cosa, no se hará antes.
8. Los trabajos requieren un tiempo para realizarse.
9. No quieras las cosas para antes que tu cliente.
10. La primera vez es “urgente”, la segunda es “mentira”.

No creo que todos los gestores del mundo de la Publicidad tengan que estudiar psicología (aunque bien les vendría), pero creo que el aprender a gestionar y controlar la ansiedad es indispensable, necesario, obligatorio y agradecido.

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